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Fluir - Una psicología de la Felicidad

Fluir - Una psicología de la Felicidad

Encontrar la felicidad es un anhelo humano desde el inicio de los tiempos. En la época contemporánea, la felicidad no se alcanza mediante el control de los acontecimientos o la satisfacción de sus deseos, sino con el entrenamiento de su conciencia, lo que implica interpretar y filtrar las experiencias cotidianas de manera positiva

La felicidad es una condición que se debe preparar, cultivar y preservar.

Numerosos estudios demuestran que aquellas personas que controlan su experiencia interior consiguen mejorar su calidad de vida. Ello significa que la felicidad no depende únicamente de su control de los acontecimientos externos, sino más bien de su armonía psíquica, la cual se consigue cuando sus acciones y sus metas se alinean coherentemente.

El ser humano debe asumir que la realidad es impredecible y caótica: siempre habrá eventos que escapen a su control y deseos imposibles de satisfacer. Las religiones y los sistemas de creencias de las distintas civilizaciones pueden entenderse como una manera de dar orden y coherencia a un mundo en caos; han sido una manera de dar certeza y sentido a la vida de sus respectivas comunidades.

Sin embargo, en el mundo moderno las viejas religiones ya no aportan las respuestas ni los fundamentos necesarios para vivir. Resulta imperativo encontrar nuevas respuestas, ya que semejante vacío existencial ha provocado el aumento de las patologías sociales y otros problemas públicos. Es fundamental que las personas cuestionen el individualismo, el consumismo y la superficialidad que caracterizan al sistema económico y político actual. Para ello, es necesario iniciar un camino de crecimiento y conocimiento individual. Lamentablemente, en las sociedades modernas existe escaso apoyo y orientación al respecto.

“El control sobre la conciencia no puede institucionalizarse. Tan pronto como se convierte en parte de un conjunto de normas y reglas sociales deja de ser una forma eficaz del modo que originalmente se pretendía”.

El estado de flujo se caracteriza por una concentración sostenida, durante la cual se experimenta un sentimiento de plenitud.

La mayoría de las personas ha experimentado este estado de profunda satisfacción y regocijo en el que son dueñas de sí mismas y trabajan arduamente por una causa. A este estado se le conoce como “flujo”. En función de la personalidad, cada persona establece la jerarquía de las prioridades e intereses en los cuales centra su atención.

A través de la conciencia, el ser humano representa la información para evaluarla y tomar decisiones vitales. Sin embargo, la capacidad del ser humano para procesar la información es limitada, por lo que solo puede atender a un número finito de hechos en un lapso determinado. Así, debe aprovechar su energía psíquica selectivamente. Las personas deben entrenarse en el dominio de la conciencia con práctica y dedicación.

En cada momento el ser humano debe elegir entre diferentes estímulos tanto externos como internos. Una experiencia óptima de atención se consigue cuando la información que capta la conciencia es congruente con sus metas; entonces la energía psíquica fluye sin obstáculos ni preocupaciones.

“Cuando la información desorganiza la conciencia al amenazar sus metas, sucede el desorden interior, o entropía psíquica, una desorganización de la personalidad que menoscaba su efectividad”.

Aumentar la calidad de vida depende fundamentalmente del control de su conciencia.

Los contenidos de la conciencia pueden hacer feliz o miserable a una persona, con independencia de sus circunstancias. De hecho, el control de su conciencia es de mayor importancia que el cumplimiento de sus deseos. Es por ello que el placer hedonista proporciona un gozo superficial y efímero. Estudios demuestran que el mayor disfrute sucede cuando las personas se dedican con pasión a una meta trascendente que las lleve más allá de sus límites habituales y a entrar en estado de flujo.

Quienes buscan la felicidad en la riqueza, el poder o el placer material no la encontrarán salvo que aprendan a controlar su experiencia para que encuentren alegría en un crecimiento personal diario y voluntario.

Según investigaciones, las actividades de mayor disfrute suelen compartir algunas características fundamentales, que incluyen:

Las actividades que comparten estas características son gratificantes en sí mismas. No se necesita una recompensa adicional para realizarlas, ya que el estado de flujo que conllevan es un aliciente suficiente en sí mismo. A estas actividades se les llama “autotélicas”. Desde luego, muchas actividades de supervivencia son autotélicas por una causa biológica. Sin embargo, algunas personas pueden encontrar esa satisfacción en algunas actividades perniciosas o dañinas para sí mismos o los demás, como el crimen o la agresión.

“La tarea consiste en aprender a disfrutar de la vida cotidiana sin disminuir las oportunidades de las demás personas para que disfruten con las suyas”.

El control de la conciencia permite fluir incluso en circunstancias adversas.

Las personas que han sido privadas de su libertad o que viven otro tipo de desventuras también pueden fluir si concentran su atención en actividades cotidianas con base en las cuales emprendan un crecimiento personal motivador. Los juegos, en general, suelen ser sumamente gratificantes y favorecer el flujo, al igual que las experiencias religiosas y rituales. De igual forma, participar en proyectos sociales y políticos lleva a las personas a estados de flujo notables. Asimismo, parece haber una base genética que interviene en la capacidad para concentrarse plenamente y fluir.

“Cada sistema social puede evaluarse entonces desde el punto de vista de la entropía psíquica que ocasiona, midiendo ese desorden no con referencia a un orden ideal de un sistema de creencias, sino respecto a las metas de los miembros de esa misma sociedad”.

Los niños deben crecer en ambientes amorosos y libres donde puedan desarrollarse con seguridad y encontrar desafíos apropiados, lo que fortalecerá su inteligencia emocional y definirá su identidad.

El cultivo de los sentidos y la sensibilidad le ayudan a fluir.

El esfuerzo físico enfocado en la superación de metas es una práctica que brinda satisfacción profunda. Asimismo, el erotismo y la exploración sexual responsable pueden llegar a ser prácticas de flujo. Por otra parte, prácticas como el yoga o las artes marciales han sido por cientos de años medios óptimos mediante los cuales algunas culturas orientales han alcanzado el flujo.

Refinar sus sentidos mediante la contemplación artística también es una actividad enriquecedora que puede ejercerse con plenitud. Cultivar sus sentidos para apreciar la pintura, la música o el arte culinario puede ser una actividad ardua de crecimiento y superación personal. Practicar cualquiera de estas artes es una forma ideal de fluir.

“El otro peligro que tienen las delicias culinarias –y aquí vuelven a ser obvios los paralelismos con el sexo– es que pueden convertirse en una adicción”.

El aprendizaje y el ejercicio del pensamiento también facilitan el flujo.

La lectura es la principal actividad de flujo intelectual. Al igual que jugar ajedrez o resolver crucigramas, conlleva un esfuerzo desafiante y placentero. El conocimiento de la historia o el estudio de cualquier ciencia también puede brindar una satisfacción equivalente. Usted mismo puede volverse historiador, escritor, filósofo o científico aficionado, como una manera de crecer y enriquecer su vida. En el fondo, ello implica mantener una actitud de aprendizaje a lo largo del tiempo.

“Mucha gente abandona el aprendizaje después de dejar la escuela porque trece o veinte años de educación motivada extrínsecamente es todavía una fuente de desagradables recuerdos”.

Las personas que fluyen durante el trabajo son más felices.

Las actividades laborales también pueden ser una fuente de flujo y realización personal, especialmente cuando producen una interacción social satisfactoria. Muchas personas que viven en comunidades en entornos rurales fluyen plenamente al realizar sus labores, sobre todo cuando estas implican un contacto con la naturaleza y prácticas tradicionales. No obstante, los jóvenes de estas mismas comunidades no siempre comparten esta cualidad.

Los trabajos contemporáneos industrializados presentan mayores obstáculos para lograr el flujo. Desde luego, en condiciones de explotación, es difícil lograr el crecimiento y la concentración óptimos. Incluso los trabajos creativos o estimulantes pueden volverse repetitivos si no se buscan desafíos y metas trascendentes. Lo mismo puede decirse del tiempo libre; el cual, tristemente, suele desaprovecharse en actividades sin metas ni gratificaciones profundas.

“Cuando sentimos que empleamos la atención en una tarea contra nuestra voluntad, es como si nuestra energía psíquica estuviese siendo derrochada”.

La comunidad y la familia son fuentes de plenitud.

En un entorno social, las personas encuentran los estímulos y la retroalimentación necesarios para mantenerse motivados y en crecimiento. Por el contrario, en soledad, suele ser difícil encontrar estímulos y retos a partir de los cuales ordenar su vida. Los seres humanos por naturaleza tienden a la socialización. Sin embargo, en ocasiones el contacto social también puede ser una causa de estrés e insatisfacción que altera su equilibrio emocional.

Las personas que viven en soledad deben establecer un orden riguroso sobre el cual establecerse metas que les aseguren una vida de retos y motivación, no importa si estos retos son intrascendentes en términos de supervivencia o si se buscan artificialmente. Ciertos monjes de Japón, por ejemplo, son famosos por destruir el templo de su aldea cada cierto tiempo, con tal de tener el reto de levantarlo de nuevo.

“Hay grandes oportunidades para la alegría y para el crecimiento que solo pueden experimentarse en la vida familiar, y estas gratificaciones intrínsecas no son menos presentes hoy que en el pasado, de hecho, probablemente son mucho más fáciles de conseguir hoy que en cualquier otra época previa”.

Asimismo, es posible experimentar gran alegría y disfrute con la confianza y la liberación que suscitan los amigos, con quienes se suelen vivir experiencias de crecimiento y aprendizaje. Lo mismo se puede decir de la participación en proyectos comunitarios de impacto colectivo, cuya trascendencia es en sí misma de un orden superior en tanto que beneficia a la sociedad en su conjunto.

 

Las crisis deben motivar el crecimiento personal.

Incluso la mayor adversidad o desgracia puede convertirse en un desafío a superar a partir del cual alcanzar un estado de flujo. Ello ha caracterizado a muchos de los grandes personajes de la historia quienes han superado la adversidad y se han hecho más fuertes y sabios. Ante cualquier situación negativa, es preciso definir unas metas claras y centrarse con atención en sus tareas diarias, a fin de aprender a disfrutar de la experiencia de enfrentar la crisis.

“En una situación amenazadora es natural movilizar la energía psíquica, dirigirla al interior y usarla como una defensa contra la amenaza”.

La mayor felicidad se consigue cuando la vida tiene un significado superior.

Vivir con un significado implica tener una meta clara y una razón para cumplirla; debe tener una causa que trascienda la propia existencia y la finitud humana. Por lo general, una vida con significado superior implica incidir de manera positiva en la vida de los demás.

“Si interpretamos las vidas de los animales desde un punto de vista humano, llegaríamos a la conclusión de que están en flujo la mayoría del tiempo porque su percepción de lo que deben hacer generalmente coincide con lo que están dispuestos a hacer”.

Cuando es posible elegir, las personas prefieren hacer lo necesario para vivir en un estado de mayor conciencia y conocimiento, aunque ello implique nuevos desafíos para su psique y presente nuevos retos para logar su flujo en el presente.

Sobre el autor

Mihály Csíkszentmihályi, un reconocido especialista en psicología y gestión, fue jefe del Departamento de Psicología de la Universidad de Chicago, entre otros prestigiosos puestos académicos y de investigación.

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